Camino sin retorno hacia la felicidad

 

Iluminación es recuperar la conciencia del ser. Eckhart Tolle

 

Es imposible volver a ser el niño que fuimos. Aunque regresáramos a la infancia con la imaginación, la inocencia que había en el corazón del niño que fuimos es un lugar al que jamás podríamos volver excepto con la conciencia de saber. La conciencia es como un niño que está creciendo y que no puede regresar al punto de partida ya nunca más. Tu más íntimo ser viaja hacia la plenitud de saber quién es y no puede regresar al no saber una vez ha sabido. Igual que no podríamos regresar a una relación donde vimos la falsedad excepto para empezar desde una nueva conciencia.

Estamos en un camino hacia el despertar porque esto es un sueño, si, para muchos una insoportable pesadilla, pero lo importante es que no es real. ¿Cómo saber que el amor es lo único real? ¿Cómo demostrarlo con argumentos? Sencillamente no se puede. El amor, la plenitud, el sentido, es una experiencia que tiene que vivir cada ser humano, entrando en ella sumergiéndose en el no pensar.

La felicidad o el amor no es algo que nadie pueda darnos o quitarnos porque nadie puede quitarnos aquello que es lo único en nosotros que es verdaderamente real y no alterable por nada que suceda. Pero seguir en el juego de obtener del afuera lo que está en nosotros no nos ayudará a descubrirla. El descubrimiento va sucediendo cuando nos adentramos en un camino silencioso de juicios e incluso de palabras. Economizando las palabras y escogiendo los pensamientos con los que nos enredamos, escogiendo tal vez un silencio total, al menos a ratos.

Escuchando a mi querido Mooji estos días, me da certezas y  respuestas a los enigmas de la existencia. Dice Mooji que la conciencia necesita el juego de la dualidad para poder mirarse en el espejo, que necesita ser dos para poder ver que es en realidad solo una. Uau! Me quedo boquiabierta, todo este juego de luces y sombras tiene entonces un único sentido práctico: sin dualidad no puede haber reconocimiento. Pero el fin está claro: reconocernos como lo que está más allá de la dualidad: la luz, la plenitud. Todo el juego dual es al fin una herramienta para un fin, pero no hay que hacer caso y seguir caminando en el sinsentido hasta que nuestra propia transformación sea el sentido en sí.

Soy consciente de que este blog me está quedando muy profundo, pero espero que me sigáis y me aportéis vuestras sensaciones al respecto. En conclusión, nadie puede llevarse la madurez que hemos adquirido ni quitarnos aquello que somos en esencia y que solo podemos dejar de sentir cuando queda cubierto con un tupido velo de historias y juicios. Son por aquellos huecos sin juicios por donde puede colarse la luz de nuestro sol interior y podemos empezar sentir la vida real.

No hay retorno en una conciencia que se expande hacia la totalidad y que hoy en día parece hacerlo más a prisa que nunca. No hay salida. Al final del camino está el descubrimiento de nuestra propia naturaleza: la felicidad.

Entre tanta mala noticia, esta es una buena ¿No crees? Mira la vida de esta manera, porque es así como será.

 

 

 

Cosas pequeñas para no pensar

 

 

 

 

La vida, parecemos haberlo olvidado, es algo que está sucediendo ahora, un fenómeno mesurable, real. Sin embargo nuestra vida es, la mayor parte del tiempo, una vida virtual, proyectada, imaginada, no real. Hay un yo que vive sus historias dentro de los pensamientos y otro que experimenta la vida. ¿Te has parado a pensar cuál de los dos eres tú? ¿Dónde estás tú respecto a estos dos “yoes”?

Nuestro mundo parece cada vez más virtualizado y complejo. Nos relacionamos con las personas de forma virtual y a veces eso está bien, pero no olvidemos que la sensación de vida solo está en el contacto con las cosas que suceden aquí y ahora. La información y los análisis tienen un papel demasiado importante en nuestras vidas. No todo tiene que ser racionalizado y categorizado, no tenemos que estar todo el tiempo pensando o haciendo cosas. No nos hace bien estar en este vivir sin vivir. Es tiempo de pensar menos y vivir más.

Pero hay algo que podemos hacer en este sentido: en nuestras manos está crear espacios donde no tengamos que hacer, pensar ni decir nada. Con nuestra presencia consciente podemos crear espacios por donde pueda colarse nuestra esencia luminosa y vital.

Se trata de cultivar hábitos o espacios donde seamos ya felices a la vez que vamos regando las semillas de nuestra felicidad futura. La felicidad es el camino a la felicidad, no la pospongas. Por eso te escribo hoy, para decirte algunas pequeñas cosas para no pensar, porque el pensamiento es lo que nos desconecta de la vida. Una mente llena de pensamientos no nos deja sentir lo que somos en esencia: felices.

Lee la lista, pero sobre todo recuerda, no tienes que esforzarte demasiado, piensa en los niños, ellos son felices sin esforzarse….

Lista de pequeñas cosas para no pensar:

1- Recuerda que la causa real de tu felicidad nunca está en lo externo. No necesitas hacer ni pensar nada más para poder ser feliz ahora mismo.

2- No se puede entender la presencia a través de los pensamientos. Para entenderla tienes que experimentarla, aunque sea por breves instantes. Si estás pensando demasiado observa tus pensamientos y no vayas tras ellos, no te enredes de un pensamiento a otro. Observa la manera en que vienen y van, sigue así hasta que veas que te vas despegando de ellos.

3– Respira, sonríe, suelta todo lo que no sea de este momento, nota el crujido del suelo bajo tus pies.

4- Mantén la atención en tu respiración durante 10 tiempos, solo eso bastará para que tu atención se retire automáticamente de los pensamientos sin que tengas que hacer nada más.

5– Focalízate en todas las cosas buenas que te rodean ahora mismo: el sol, el oxígeno que respiras, tu cuerpo, las flores ahora en primavera, el cielo siempre y a todas horas, la energía que puedes respirar por las mañanas cuando empieza el día, las personas con las que compartes o con las que te cruzas.

6- Usa tu capacidad para estar presente para entrar por las cinco puertas de los sentidos en el ahora. Mira, huele, toca, saborea y escucha tu entorno con conciencia plena sin intentar analizar lo que percibes.

7-  Sonríe a todo el mundo, estás plantando las semillas de una vida llena de amor solo con esto. La sonrisa te desconecta además de la seriedad del mundo.

8– Baila o escucha música y disfruta el momento.

9- Quédate en silencio y obsérvalo todo. Comprueba lo seguro que es el mundo cuando estás ahí en tu centro, no te falta nada si te quedas completamente en quietud.

10- El mundo es completo, entero, abundante, si tú estás en él con tu presencia. Si no te vas a otro lugar con juicios y pensamientos.

11-  Aprende a relacionarte con la realidad de una forma distinta, pon las cosas en perspectiva y no saques conclusiones precipitadas.

12- Relájate, a veces incluso parece que tenemos el control de las cosas, pero es una ilusión, nunca lo tuvimos ni lo tendremos.

13- Sal a dar una vuelta, mira el mar o date una vuelta por la montaña, estar en la naturaleza abre tu canal externo por lo que puedes sentirte mejor de manera instantánea.

14- Haz ejercicio, lo que más te guste. El ejercicio desconecta la amígdala y nos aleja de las emociones tóxicas que nos apartan del momento presente.

15- Convierte algún rincón donde te guste estar en un espacio sagrado donde puedas conectar contigo mismo. Medita o concéntrate en sonidos como mantras. Cierra los ojos y pon tu atención en tu interior.

16– Ve más despacio por la vida y presta más atención a lo que te rodea. La atención, la velocidad y el silencio son tres claves importantes para que los pensamientos no sean tan compulsivos.

 

Todos estas pequeñas cosas se resumen en una sola: Sé feliz a cada paso que das y todo lo demás sucederá por sí mismo.

Be happy! ;-))

 

 

 

Sentir quien eres

A veces siento quien soy y me invade una profunda paz. A veces mi pecera se llena de agua y puedo nadar y respirar sintiéndome por fin en mi lugar. ¿ Cuántas veces al día puedes tú sentir quien eres? Quizás en los instantes en que te paras a mirar el brillo intenso de la luna o te llega el olor a tierra después de haber llovido.

A veces siento que soy yo cuando por azar cesa el movimiento de mi cerebro y veo el mundo sin interpretarlo;  sin pensar sobre su belleza o fealdad, bondad o maldad, o sobre si me gusta o no me gusta.

A veces siento que soy yo cuando me fundo con tu olor o con el ritmo de la música al bailar.

A veces siento que soy yo cuando oigo el rumor de un arroyo, el gorjeo de un ave o cuando noto en mi cara la cálida y brillante luz del sol.

En esos momentos soy poco definible pues cambio tanto como cambia el mundo que miro; no me siento separada de lo que percibo.

Siento entonces la profunda certeza de saber quien soy; pero desaparece toda evidencia al ir de nuevo tras mi mente que gira y gira.

Otra vez mis sentidos se detienen en algún pequeño detalle y vuelvo a sentirme clara como el agua de un río que corre montaña abajo; comprendo entonces que si dejo de esforzarme y dejo a todo ser como es puedo ser quien soy y estar en todas las cosas al mismo tiempo.