Un lugar lleno de vida

 

 

Si no te sientes vivo, es porque vives todo el tiempo en tu cabeza, navegando entre pensamientos y emociones. Voy a intentar explicar esto un poco mejor…

¿Qué es la vida?, me pregunto. ¿Qué es realmente vivir? ¿Cuándo es que me siento realmente viva? Porque hay una muy clara diferencia entre vivir y sobrevivir.

Definiría la sensación de vida como sentirse centrado, conectado, con uno mismo y con lo que le rodea; en oposición a sentirse descentrado, disperso, fuera de uno mismo. Vivir es interactuar con el mundo mientras mantenemos una sensación de vitalidad y bienestar, a la vez que tenemos la certeza interior de ser mucho más que aquello que observamos.

Los espacios de vida se encuentran escondidos entre uno y otro pensamiento, es dentro de ellos donde podemos sentir la sustancia de la que estamos hechos. Todos tenemos la capacidad de habitar estos espacios que están más allá de las ideas y merece la pena intentar entrar en ellos pues al sentir lo que somos nuestro mundo se transforma en un lugar lleno de vida.

Una herramienta infalible para crear el espacio entre pensamientos es la observación. Se trata de observar todo lo observable, a nivel interno pensamientos y emociones y a nivel externo experiencias, situaciones de vida o personas. Todo aquello que puedas observar, interno o externo, es ilusorio, no porque no exista, sino porque existe solamente de forma fugaz. Es decir, es real mientras dura, pero está destinado tarde o temprano, cual aparición fantasmagórica, a desvanecerse.

Siguiendo con este experimento de la observación, lo que puede ser observado nunca forma parte de nuestra verdadera naturaleza, por lo que lo dejamos ir y seguimos observando y descartando hasta hallar lo único que no está sujeto al cambio: el observador. Así de sencillo y difícil a la vez.

Circunstancias, personas, estados mentales, pensamientos, sonidos, percepciones…. Nada de eso es lo que somos, identificarnos con ello tiene graves consecuencias: cada vez que las circunstancias cambian o las personas se van tenemos la sensación de morir con aquello que se va.

Solo podemos dejar de morir (y de sufrir) cuando dejemos de identificarnos con las cosas que vivimos y percibimos.

Nuestros pensamientos, que tan útiles y poderosos pueden ser si los utilizamos bien, si los seguimos ciegamente nos desequilibran y nos llevan a realidades donde no queremos estar. Los pensamientos son mágicos pues nos llevan literalmente de una a otra realidad, pero no forman parte de una realidad mucho más vibrante de vida que puede percibirse solo cuando no pensamos.

A pesar de lo útil del pensamiento positivo y focalizado, lo cierto es que estamos y nos sentimos vivos solamente cuando no estamos pensando. El pensamiento es una herramienta maravillosa para crear, pero mientras estamos pensando, imaginando o proyectando nos desconectamos de la vida que hay aquí y ahora.

Por ello necesitamos equilibrar ambas cosas. En estos momentos vivimos demasiado tiempo en nuestra cabeza, demasiadas horas al día fuera del ahora. Necesitamos dejar espacios para la observación en los cuales nos entrenemos en observar y sentir.

Al observar (sin interpretar) ya estamos situados en un lugar que está fuera de nuestra mente y desde el cual podemos jugar con el pensamiento a crear realidades. Este lugar es espacioso, amable y confortable; un lugar lleno de vida.

 

La verdad es toda silencio

 

Comentaba con un amigo sobre las cosas que decimos sin hablar. Le decía que no hace falta justificarse ante nadie pues el que lo hace en realidad hace una confesión de lo contrario. La verdad, le dije, es aquello que se transmite sin palabras. Las palabras tienen poder pero no tanto como la verdad.

El verbo siempre esconde otra realidad más allá de lo que expresa puesto que el pensamiento que articula es sólo una porción de la misma. La verdad es aquello que se percibe sin ser dicho; aquello que te cuenta una persona antes de empezar a hablar, aquello que nunca necesitarás que el otro te diga pues su energía ya te lo está contando, aquello que se advierte incluso en la distancia.

Explicamos muchas más cosas sin hablar que articulando palabras.

Estas a menudo suelen mentir por un propósito del ego del que las expresa, pero la verdad finalmente no puede evitar mostrarse; mirando a los ojos de una persona podrás verla a menos que esa persona haya decidido conscientemente no mostrártela, ante lo cual su mirada será el final del camino, la puerta cerrada, la cortina tras la cual la persona decide ocultarse.

El cuerpo en su totalidad también nos cuenta su verdad, los gestos, los actos y todo lo que rodea a alguien nos cuenta su verdad sin necesidad de leer ninguna biografía.

Le dije a mi amigo que es mejor poner nuestro empeño en hacer las cosas bien en lugar de esforzarnos en explicar nuestros logros; y sobre todo en decir siempre la verdad pues de todas formas ésta siempre encuentra el camino para expresarse; si hemos mentido no podremos entonces evitar quedar en evidencia.

La verdad tiene el lenguaje del silencio y con él llega mucho más allá que cualquier palabra. Cuando conectamos con el silencio esa verdad nos llega hablando sin palabras de una forma clara y directa; entonces oímos esa voz sin voz que nos llega con una certeza abrumadora atravesando el corazón.

La verdad no deja espacio a la duda, lo ocupa todo. Es tan cierta como el amor o la alegría. Cuando percibes la verdad sabes que lo que el silencio te está contando está más allá de toda duda.

El secreto para vivir en el presente

Maite Bayona LoveSmileLive

  

Hoy  quiero contarte un secreto. El secreto de por qué nos cuesta tanto vivir en el presente. Hay que vivir en el ahora, oímos todo el tiempo, pero seguimos sin saber cómo hacerlo.

Déjame explicarte primero cómo vivimos:  la vida normal de casi cualquier persona transcurre en el olvido de sí mismo, seguimos a cada uno de los pensamientos que tenemos y nos identificamos con las emociones que éstos nos producen, descuidando de esta manera las cosas y personas que tenemos delante de nosotros. Al seguir a un pensamiento sucede que entramos en el sueño de la mente.

Dentro de este sueño el primer objeto de olvido es nuestro cuerpo. Esta es también la forma en la que nos separamos de la vida, el cuerpo se queda en el presente y nosotros nos vamos al pasado o al futuro. La vida solo puede sentirse en el presente y desde nuestro cuerpo físico. Gracias a él tenemos todas las sensaciones, desde una sensación agradable o desagradable hasta sentir el éxtasis total. Pero los pensamientos nos desconectan de las sensaciones corporales, dejamos de notarlas y de sentirnos conectados con la energía vital que lo mueve todo.

En principio todo lo que necesitamos para reconectarnos con esa sensación de vitalidad es ser conscientes de nuestra respiración. Una atención atenta a la respiración nos conecta a las cosas que están ahora a nuestro alrededor, a todo aquello que puede nutrirnos y sanarnos, como la sensación misma de respirar.

Sin embargo, cuando nuestra cabeza se va a otros lugares y a otros momentos el efecto es sentir un vacío en nuestro interior porque de hecho es nuestra energía la que se ha ido a otro lugar del pasado o del futuro. En ese momento empezamos a anhelar y a esperar que suceda algo que nos vuelva a llenar y nos distraiga de esa sensación; pero esto solo sucederá si corregimos el error que nos provocó sentir un vacío, es decir si traemos de vuelta nuestra energía desde el pasado o el futuro al momento presente.

La atención a la respiración es lo que hace posible este regreso al momento presente, lo que nos devuelve a la sensación de estar vivos y lo que hace también que podamos percibir los elementos de nuestro entorno que contienen vida: nuestro cuerpo, el cielo, el sol, la tierra, el aire, la vegetación, las otras personas y todas las pequeñas cosas aparentemente sin importancia que forman parte de nuestra vida cotidiana. La atención a la respiración nos libera de forma instantánea del contenido de nuestra mente, de las historias pasadas y futuras que nos alejan de estar aquí ahora.

Al cobrar conciencia de nuestra respiración se hace un silencio dentro de nosotros y aparece una sensación de espaciosidad que nos devuelve una sensación de poder y plenitud y que nos conecta con la belleza de lo imperfecto y con el silencio de dejar de pensar.

Pero no solo la respiración es el puente hacia la vida, puede servirnos cualquier verbo de la A la Z: caminar, comer, escuchar, reír, fregar, barrer, coser, cantar, bailar… y así hasta acabar todo el diccionario. Todo absolutamente se convierte en parte del despertar cuando logramos frenar la dispersión mental a través de la conciencia plena. Ese es el milagro del Mindfulness  del que hablaba Thich Nhat Hanh.

El simple hecho de poner la atención deliberada en una sola cosa nos llena de un silencio que nos permite apreciar nuestro entorno, a nuestros semejantes y a nuestra propia persona.

El secreto que quería contaros es que no hay secreto, la meta es el camino. La vida te esperará hasta que estés preparado para rendirte a ella, a que te des cuenta de que no hay más que este momento. A que te canses de vivir en tus dramas y renuncies a ellos. A que dejes de buscar en otros lugares la vida que tienes delante.

El gran secreto es que no hay secreto ni camino. Puedes hacerlo, sentirlo y tenerlo todo ahora mismo. Puedes ser vida ahora si eliges ser consciente de este momento.

Como diría Thich Nhat Hanh, inhala y date cuenta de que tu cuerpo está vivo, exhala y sonríe a la vida.

Te dejo con mi primer consejo LoveSmileLive / AmaSonríeVive:

mbayona

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